La diferencia de los iguales

Es indudable que en Argentina no todos sus ciudadanos son libres e iguales como profesa el ideario liberal. En este país, como en todo el mundo, existen diferencias con las que las personas nacen, viven y generalmente mueren. Estas diferencias sociales condicionan todas las actividades que los sujetos pueden realizar, definen su grupo de pertenencia, sus patrones de consumo y hasta qué tipo de educación tendrán que cursar.
El problema de estas diferencias es que son reforzadas y legitimadas por el propio sistema, encontrando al sistema educativo como pilar para legitimar las desigualdades de origen.
Dentro del sistema educativo esta instaurada la visión de que no progresa quien no quiere, no estudia el que prefiere hacer otra cosa o simplemente el que no tiene las condiciones para poder cursar y rendir ciertas asignaciones en determinado periodo de tiempo, y sólo triunfa quien se esmera y por mérito personal. El sistema de educación argentino toma a todos los individuos partiendo de la base que son iguales, pero en realidad no lo son. Muchos de ellos provienen de familias en estado de vulnerabilidad y los contenidos de este sistema no les son propios, o significativos para su vida.
Es muy difícil que estas diferencias de origen se atenúen en el sistema de educación, generalmente la clase baja no termina la escolaridad obligatoria, recordemos que son trece años (dividido en preescolar, primaria y secundaria), o si lo termina lo hacen en establecimientos considerados de baja calidad y ni hablar de utilizar el sistema público de enseñanza universitaria.
Fue un gran logro la enseñanza pública y la masificación de la educación, pero es a partir de estas conquistas incuestionables que tenemos que repensar un sistema más justo. El fracaso escolar, la sobre edad y la gran diferencia de calidad que existe entre las instituciones dentro de nuestro sistema son sólo algunos problemas que podemos mencionar.
Propongo pensar una escuela justa en sentido que pensó Dubet. Es decir una escuela que atenúe estas diferencias, que garantice a los jóvenes de clases populares una serie de contenidos que les puedan servir en su vida cotidiana. Una escuela en donde las diferencias de origen no condicione la escolaridad de los niños. Que no sea sólo el mérito y las buenas calificaciones lo único que se premie en el sistema.
El sistema publico de educación y la eliminación de los exámenes de ingresos a casi todos los secundarios públicos del país en un gran logro en la democratización de la educación, pero el sistema continúa siendo muy fragmentado en su interior. La diferencia que los niños traen desde su hogar generalmente tiende a acentuarse y por ahora esta, lejos de ser un sistema que lo puedan aprovechar todas las clases sociales por igual.

Horacio Luis Manzato, tiene 25 años, oriundo de Villaguay, Entre Ríos, Argentina.
Es Licenciado en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires.
Actualmente cursa la carrera de Derecho en la U.B.A. mientras termina el profesorado de Ciencias Políticas.  Asimismo colabora en un proyecto sobre investigación de Geopolítica en la Universidad del Salvador.

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