La droga de los pobres argentinos

La droga de los pobres argentinos

La crisis de 2001 en Argentina fue para los barrios más pobres de la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires (donde la comida escaseaba más que de costumbre en esos tiempos) un lugar propicio para que entrara en escena una nueva droga: el paco, sustancia derivada de los desechos de la pasta base de cocaína y que no se cansa de demostrar sus efectos destructores. Conocida en Colombia como “basuco”, en Argentina se posicionó como “la droga de los pobres” luego de 2001. Su ingreso al mercado en las zonas marginales se corresponde con el status de productor de cocaína adquirido por Argentina tras 2001, dejando de ser simplemente país de tránsito. Como consecuencia, con ayuda de la crisis, las villas o zonas marginales se vieron inundadas de paco. Y entonces sólo hubo que esperar hasta que la droga en cuestión encontrara adeptos entre los sectores más vulnerables, por el bajo costo de la dosis, su elevado poder adictivo y la facilidad para adquirirla. Compuesto por residuos de cocaína, químicos y solventes altamente tóxicos, el paco genera un efecto de euforia, rápido pero intenso, lo que hace que el consumidor fume una gran cantidad de dosis por día, pues una vez pasada la breve euforia, el estancamiento y la depresión aparecen, y un adicto necesita otro paco para sentirse nuevamente eufórico. Así las cosas, sus consumidores, además de llegar a cualquier extremo con tal de conseguir una dosis, pierden masa muscular, se quedan sin reflejos, sin capacidad de expresión, dejan de ser ellos mismos para convertirse en lo que la jerga popular denomina los “muertos vivos”, por su escandalosa apariencia mórbida. Los especialistas sostienen que esta droga puede matar a un adicto en no más de seis meses, pero por el momento no existe un compromiso serio por parte del Estado argentino para resolver este preocupante problema.
Estas son cosas que pasan en la Argentina pos crisis de 2001, donde conviven expresiones de sofisticación y esnobismo propias de grandes ciudades europeas (el sorprendente auge de la cocina gourmet, por ejemplo) con alarmantes problemáticas vinculadas al narcotráfico, las cuales provocan que cientos de miles de jóvenes de barrios pobres y no tan pobres se entreguen sin condicionamientos al vicio destructor que supone el paco, destructor de familias y de vidas, creador y reproductor de las mayores miserias humanas.

Lic. Patricio Carrilero Núñez

Mataró, 26 de enero de 2008

Patricio Carrilero, tiene 26 años, estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires. Tras graduarse, trabajó durante dos años en el Municipio de Quilmes, Buenos Aires, como asesor de un Concejal, donde realizó junto con un grupo de colaboradores un Diagnóstico Integral sobre el Partido de Quilmes. Es autor de un proyecto de Ordenanza (2006) alertando sobre la problemática del paco en Quilmes, el cual tuvo como resultado la apertura del segundo Centro Provincial de Atención a las Adicciones en ese distrito (2007). Miembro del Escenario Económico de la Red Iberoamericana de Ecobioetica – Unesco Chair in Bioethics.

One Response to “La droga de los pobres argentinos”

  1. santiago Says:

    Sin enterarte, estabas vivo; sin saberlo, eras pobre de toda pobreza. El día te encontró aturdido; la noche te encontró despierto, cantando, saltando; el alba te encontró dormido, tiritando bajo el latido ruidoso de una ciudad gigante que despierta, y tus ojos cristalizaban tu inocencia en una lágrima brillante y fugaz cuya existencia no quisiste aceptar.
    Las calles fueron tu patio, la compasión tu vergüenza, la libertad tu orgullo, los perros tu familia, las veredas tu juguete. Los escarabajos fueron el mágico encuentro con la naturaleza; tus únicos destellos de luz y de asombro. La noche fue tu tutora y tu abismo, la vulnerabilidad tu escarapela.
    La sociedad te vio desnudo y no te vistió, te vio desprotegido y no te acogió, te vio solo y no te acompaño, te vio todos los días con desatenta mirada y te escupió sus sobras con ingenua bondad. La ciudad se mostró desnuda, y despechada te arrojó en su orgía desenfrenada de vicios fascinantes y hechiceros que arrebataron tu niñez mucho antes de madurar. La indiferencia del mundo te pego de lleno en la cara y el cariño fraterno te esquivó. El odio germinó demasiado fácil en un terreno tan blando, y creció sin frenos hasta que tu alma se oscureció, y con tinta indeleble formó una enorme costra sobre tu corazón.
    La violencia, como agua salada calmó la sed que tu necesidad de venganza originó; reacción a una indiferencia despiadada de un mundo sin corazón.
    Robaste y asesinaste sin compasión, al hijo del mundo que tu alma tanto odió. El mundo descubrió entonces que vos estabas vivo, cuando ya tu alma estaba muerta. De la indiferencia pasó a la preocupación, y comenzó a perseguirte hasta que te encerró. Pero su propia saña te largó de nuevo a la despiadada calle, una y otra vez. Finalmente un día, en un oscuro callejón; por tu culpa repleto de llantos y de gritos, una bala te mató. Algún hombre escupió tu cara y luego en el diario, el mundo entero, que al fin vio que existías, te aborreció, y se alivió sabiendo que ya no estabas.
    El mundo mató tu cuerpo; oscuro, hundido en el abismo, pero el cielo se llevó tu alma mucho antes, cuando en las calles correteaba aún llena de luz.

Leave a Reply