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	<title>Comentarios en: La droga de los pobres argentinos</title>
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	<description>ONG de Ayuda a Argentina</description>
	<pubDate>Thu, 29 Jul 2010 14:11:42 +0000</pubDate>
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		<title>Por: Julia Arango</title>
		<link>http://www.asociacionsud.org/la-droga-de-los-pobres-argentinos/comment-page-1/#comment-2822</link>
		<dc:creator>Julia Arango</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 Jan 2009 15:46:48 +0000</pubDate>
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		<description>Hola Patricio! Soy Julia, fuimos companeros de la facultad! Que gusto encontrarte por aca! Estoy haciendo una investigacion sobre la situacion de los jovenes en el conurbano bonaerense, desde Roma...y me encuentro con este articulo. Aprovecho para felicitarte por el mismo y enviarte un saludo!
Julia</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Hola Patricio! Soy Julia, fuimos companeros de la facultad! Que gusto encontrarte por aca! Estoy haciendo una investigacion sobre la situacion de los jovenes en el conurbano bonaerense, desde Roma&#8230;y me encuentro con este articulo. Aprovecho para felicitarte por el mismo y enviarte un saludo!<br />
Julia</p>
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		<title>Por: santiago</title>
		<link>http://www.asociacionsud.org/la-droga-de-los-pobres-argentinos/comment-page-1/#comment-55</link>
		<dc:creator>santiago</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 17 May 2008 22:48:52 +0000</pubDate>
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		<description>Sin enterarte, estabas vivo; sin saberlo, eras pobre de toda pobreza. El día te encontró aturdido; la noche te encontró despierto, cantando, saltando; el alba te encontró dormido, tiritando bajo el latido ruidoso de una ciudad gigante que despierta, y tus ojos cristalizaban tu inocencia en una lágrima brillante y fugaz cuya existencia no quisiste aceptar.
Las calles fueron tu patio, la compasión tu vergüenza, la libertad tu orgullo, los perros tu familia, las veredas tu juguete. Los escarabajos fueron el mágico encuentro con la naturaleza; tus únicos destellos de luz y de asombro. La noche fue tu tutora y tu abismo, la vulnerabilidad tu escarapela. 
La sociedad te vio desnudo y no te vistió, te vio desprotegido y no te acogió, te vio solo y no te acompaño, te vio todos los días con desatenta mirada y te escupió sus sobras con ingenua bondad. La ciudad se mostró desnuda, y despechada te arrojó en su orgía desenfrenada de vicios fascinantes y hechiceros que arrebataron tu niñez mucho antes de madurar. La indiferencia del mundo te pego de lleno en la cara y el cariño fraterno te esquivó. El odio germinó demasiado fácil en un terreno tan blando, y creció sin frenos hasta que tu alma se oscureció, y con tinta indeleble formó una enorme costra sobre tu corazón. 
La violencia, como agua salada calmó la sed que tu necesidad de venganza originó; reacción a una indiferencia despiadada de un mundo sin corazón.
Robaste y asesinaste sin compasión, al hijo del mundo que tu alma tanto odió. El mundo descubrió entonces que vos estabas vivo, cuando ya tu alma estaba muerta. De la indiferencia pasó a la preocupación, y comenzó a perseguirte hasta que te encerró. Pero su propia saña te largó de nuevo a la despiadada calle, una y otra vez. Finalmente un día, en un oscuro callejón; por tu culpa repleto de llantos y de gritos, una bala te mató. Algún hombre escupió tu cara y luego en el diario, el mundo entero, que al fin vio que existías, te aborreció, y se alivió sabiendo que ya no estabas.
El mundo mató tu cuerpo; oscuro, hundido en el abismo, pero el cielo se llevó tu alma mucho antes, cuando en las calles correteaba aún llena de luz.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Sin enterarte, estabas vivo; sin saberlo, eras pobre de toda pobreza. El día te encontró aturdido; la noche te encontró despierto, cantando, saltando; el alba te encontró dormido, tiritando bajo el latido ruidoso de una ciudad gigante que despierta, y tus ojos cristalizaban tu inocencia en una lágrima brillante y fugaz cuya existencia no quisiste aceptar.<br />
Las calles fueron tu patio, la compasión tu vergüenza, la libertad tu orgullo, los perros tu familia, las veredas tu juguete. Los escarabajos fueron el mágico encuentro con la naturaleza; tus únicos destellos de luz y de asombro. La noche fue tu tutora y tu abismo, la vulnerabilidad tu escarapela.<br />
La sociedad te vio desnudo y no te vistió, te vio desprotegido y no te acogió, te vio solo y no te acompaño, te vio todos los días con desatenta mirada y te escupió sus sobras con ingenua bondad. La ciudad se mostró desnuda, y despechada te arrojó en su orgía desenfrenada de vicios fascinantes y hechiceros que arrebataron tu niñez mucho antes de madurar. La indiferencia del mundo te pego de lleno en la cara y el cariño fraterno te esquivó. El odio germinó demasiado fácil en un terreno tan blando, y creció sin frenos hasta que tu alma se oscureció, y con tinta indeleble formó una enorme costra sobre tu corazón.<br />
La violencia, como agua salada calmó la sed que tu necesidad de venganza originó; reacción a una indiferencia despiadada de un mundo sin corazón.<br />
Robaste y asesinaste sin compasión, al hijo del mundo que tu alma tanto odió. El mundo descubrió entonces que vos estabas vivo, cuando ya tu alma estaba muerta. De la indiferencia pasó a la preocupación, y comenzó a perseguirte hasta que te encerró. Pero su propia saña te largó de nuevo a la despiadada calle, una y otra vez. Finalmente un día, en un oscuro callejón; por tu culpa repleto de llantos y de gritos, una bala te mató. Algún hombre escupió tu cara y luego en el diario, el mundo entero, que al fin vio que existías, te aborreció, y se alivió sabiendo que ya no estabas.<br />
El mundo mató tu cuerpo; oscuro, hundido en el abismo, pero el cielo se llevó tu alma mucho antes, cuando en las calles correteaba aún llena de luz.</p>
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