Lo que no queremos ver

A diario los bonaerenses (aquellos que habitan en el primer y segundo cordón de Buenos Aires), para llegar a sus trabajos o para asistir a los diferentes centros de educación en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) toman diferentes medios de transporte que no dan abasto, desplazándose durante horas desde sus casas a sus destinos inmersos en sus propios problemas.
En este entrecruzar de individuos que pareciera que no comparten un destino en común, aquellos que no logran integrarse en el sistema socio-económico (dígase excluidos sociales) pululan entre estos individuos que se desplazan diariamente en la ciudad. Hasta no hace mucho tiempo atrás, los excluidos eran una categoría que sólo les importaban a los cientistas sociales que veían un emergente problema en ciernes.
La Argentina, el tan mentado granero del mundo, no logra dar respuesta a sus propios hijos que se encuentran intentando sobrevivir en el laberinto ciudadano, los ciudadanos invisibles que por todos los lugares de la ciudad se tropiezan con los que hasta hoy pueden reconocerse como partícipes del progreso económico.
El Jefe de Gobierno del CABA (Mauricio Macri), ha planteado la posibilidad neoliberal de integrar a los invisibles que se vuelven visibles cuando incomodan con su presencia a los automovilistas que no logran circular con la suficiente rapidez por las calles de la ciudad, en un nuevo sistema de recolección de residuos en donde los llamados cartoneros sean blanqueados en lo impositivo.
El gran negocio del movimiento y recolección de residuos ha visto en la Argentina una continua lucha por quién se queda con éste. Este espacio descubierto por los llamados cartoneros ha generado por ejemplo expresiones como: los cartoneros están robándose la basura por que hay empresas a las cuales el municipio les paga por levantarla de las calles. Los sectores adinerados del país, solo ven a estos excluidos solo cuando les molestan por algún motivo.
La pobreza estructural en la Argentina es un mal al cual aún no se ha logrado atacar con políticas sociales universales, tal vez por la reminiscencia de viejas ideas neoliberales que aun se mantiene vivas en los dirigentes políticos, referidas al mantenimiento de las políticas focalizadas en lo social. Esto ha permitido que amplios sectores de la ciudadanía y habitantes del país estén en el espacio de los excluidos sociales.
Aún cuando la Constitución Nacional en su artículo 14 bis indica que la salud, educación y el trabajo, como también la vivienda son un derecho, esto está muy lejos de concretarse en la realidad. Los derechos del niño tan en boga en los últimos años en el discurso de muchos políticos, siguen sin ser respetados y custodiados por el Estado.
Esta invisibilidad de la que parecen sufrir los niños que todas las noches y a la madrugada los viajeros suburbanos no logran ver pero si observar, pueden ser encontrados sobre los trenes y en los callejones de la ciudad drogándose con pegamento u otro químico económico a su alcance, mientras intentan ganarse el pan o mendigando en los trenes o levantando cartón en las calles de la ciudad.

Lic. Hugo Morris

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