Un halo de esperanza

Mientras mataba el tiempo frente al televisor, pasando de un canal a otro intentando que la sangre que caía desde los noticieros no manchase el piso de mi dormitorio, un halo de esperanza asomó desde la pantalla. La Argentina, tristemente dividida gracias a las políticas neoliberales impuestas desde la dictadura militar, pasando por los gobiernos democráticos hasta fines del 2001, parecería encaminada a su propia autodestrucción, montada sobre la indiferencia y discriminación social.
Sin aviso, de improviso, aparece un notero comentando como justo en la zona más cara de Buenos Aires (Puerto Madero) algo a esta altura mas parecido a un milagro que a algo normal, acontece frente a todos nosotros que vivimos en la indiferencia social. Niños de diferentes estratos sociales (clases sociales si quieren), juegan sin discriminarse entre si en una plaza paqueta.
Puerto Madero es una de las zonas más caras de la ciudad de Buenos Aires, el Dique 1 cobija en sus alrededores a esta plaza a la cual niños acuden a jugar, sin mirar quién tiene las mejores vestimentas, ni quién posee los mejores juguetes, o los mejores calzados. Aún no puedo creer que las madres de estos niños, las madres de alto nivel económico, permitan que estos niños de diferentes sectores sociales y realidades sociales, compartan sus juegos.
¿Qué es lo que me pasa? ¿No será que sin darme cuenta, también el sesgo social me está acorralando? ¿Por qué una madre de alto nivel social debería de por sí ser discriminadora? ¿Estamos tan inmersos en el individualismo que discriminamos hacia arriba y hacia abajo de la escala social sin darnos cuenta? ¿No será hora de parar la pelota y mirarnos a nosotros mismos para poder arreglar esto?
Una gran parte de la sociedad en la Argentina, ante el temor, pone en lo diferente sus miedos y culpas. ¿Qué más diferente, socialmente hablando, pueden ser los niños de clases sociales tan alejadas entre sí, como los niños de los departamentos de Puerto Madero y del Asentamiento Rodrigo Bueno?
Para aquellos que no conocen la Argentina, el Asentamiento Rodrigo Bueno está conformado por ciudadanos y habitantes de la ciudad de muy bajos recursos, en donde las viviendas son precarias y algunas de material, pero cuyo valor para ejemplificar, de alquiler ronda en los 65 U$S, frente al valor de alquiler que poseen en Puerto Madero que ronda sobre los 1000 U$S. Estos dos sectores se encuentran separados sólo por una centena de metros, pero tan lejos como dos sistemas solares.
Los adultos no logran pasar esa frontera social que los divide, pero entre los niños aún ese estigma no ha calado en ellos. Tal vez esas madres de alto poder económico que observan a sus hijos compartiendo el espacio lúdico, en esos momentos no se dejen dominar por sus propios sesgos, o tal vez, justamente estas madres no lo posean. De todas maneras, he allí un halo de esperanza que esperemos que crezca y no desaparezca como una brisa de la mañana. El futuro de la Argentina se juega en esos espacios lúdicos y sociales en manos de los hoy menores y en el futuro, adultos que gobernarán estas tierras.

Enero 2009-01-29
Lic. Hugo Morris

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